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La primera sesión exquisita introdujo el aire de familia, las comidas de traje, las plantas y cuadros, el mimo, la sobremesa. También la idea de ceder un testigo entre laboratorios, de lo ya hecho con Cuqui a las fantasías por hacer con Antonio. De escucharse y desechar algunas ideas previas para ser modificadas por otras que aparecían junto a unos textos leídos sobre la marcha. En esa línea analógica, que parece que también es parte de este modo celebración, pensábamos en la de cosas que recuperamos estando juntas, simplemente. Charlando, compartiendo, contándonos las experiencias que habían tenido lugar, conociéndonos algo mejor y desde ahí poder dibujar lo por venir. No hay documento previo, es en este encuentro en el que se conforma la siguiente actividad. Las miradas, lo que se contó, lo que no, las alergias, los postres… No hay documento posterior más que la recapitulación que a viva voz van tomando participantes y equipo. Y después, de cara a la apertura pública del programa, en la web, las entregas por capítulos de los relatores de esta edición (Cristina, María, Tom y Begoña) que van más allá de la vivencia.

Tal vez la separación aprendizaje-vida era otra entelequia y en los intermedios podemos cocer a ritmo lento nuevos lugares, que por su propia naturaleza borran los roles jerárquicos, estructuras rígidas, contenidos estancos.

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Crónica de Sesión exquisita #1 realizada por Tom Cano aquí.