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Lola Visglerio

Nazco en Sevilla en 1991. A causa de la mezcla heterogénea de intereses que oscilaban entre la política, la historia, la ciencia y la filosofía decido estudiar Bellas Artes. Una facultad conservadora y orgullosa de serlo, unida a su falta alarmante de construcciones teóricas de interés, me llevan a matricularme en el Grado de Historia del Arte, simultaneando ambas carreras. Me llevo de allí lo mejor de estudiar en ciudades periféricas: la cercanía de lo local y el contacto continuo con contextos ajenos y a la vez contenidos dentro de “lo artístico”.

Recién licenciada en Bellas Artes escapo. Con una beca Erasmus Práctica llego a Trevi (Italia), donde desarrollo una estancia en Palazzo Lucarini, un museo de arte contemporáneo en un pueblo de 8.000 habitantes. Los modos de hacer y los estímulos que, a pesar de lo pequeño del lugar, me aportan tanto el equipo curatorial como los propios vecinos involucrados en la actividad del museo me permiten seguir cuestionándome esos límites porosos que se establecen entre aquello que la tradición académica ha querido delimitar como “alta” y “baja” cultura, entre lo que encontramos en la calle y lo que encontramos en el museo.

En 2016 llego a Madrid, donde actualmente realizo el Máster en Historia del Arte Contemporáneo y Cultura Visual del Reina Sofía y donde trabajo en torno a 1992, el año clave de la “celebración españolista”, y sobre la necesidad de buscar un posicionamiento crítico por encima de uno celebratorio en lo que a ese año simbólico respecta.